Después de que nació mi bebé me puse muy mal, se me abrió la herida de la cesárea y me tuvieron que meter a quirófano varias veces. Cuando mejore, me enviaron con los expertos en heridas. Ellos me pusieron una máquina que controló el líquido que salía de la herida y la hizo más pequeña en poco tiempo, posteriormente me la cosieron (suturaron). Todo el tiempo me sentí bien atendida y eso me ayudo a olvidar el terror que sentía.